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La Constitución Política de 1980, ha definido y prácticamente amarrado el futuro económico, político, jurídico y social de Chile hasta que prácticamente se alinen exóticos planetas y constelaciones, o como diría el buen chileno: “el día del níspero”; asegurando en cada párrafo la integridad del texto Constitucional a través de distintos mecanismos e instituciones capaces de frenar cualquier modificación radical a la Carta Magna, suponiendo incluso que ya haya superado la cuasi imposible barrera del quórum parlamentario.

A mi juicio (Y me amparo en la relativa ignorancia respecto a los detalles y tecnicismos si llego a estar equivocado), una de las barreras esenciales es el rol que le asigna la Constitución al Estado a nivel económico es la limitación impuesta a la hora de emprender actividades económicas, ya que éstas sólo pueden ser iniciadas donde las personas (sean naturales o jurídicas) sean incapaces de hacerlas, y aún de aquel modo, el Estado debe propiciar la subvención y no su acción emprendedora.

¿Qué alcances puede tener el llamado rol subsidiario?

Muchos señalan que la Constitución prácticamente es ideológica (de carácter neoliberal) al limitar o minimizar las empresas o emprendimientos económicos que el Estado pueda realizar, es decir se retira de todos los sectores en que anteriormente era casi amo y señor con el modelo del Estado Benefactor y genera espacios de absoluta libertad económica para la acción del Mercado autorregulado, enajenándose de las empresas creadas desde los años ’30 del Siglo XX, para desligarse de una labor productiva o empresarial y abocarse sólo a subsidiar o apoyar emprendimientos de los ampliamente llamados “grupos intermedios”, ideas casi literales de Milton Friedman, quien señala:

“…deberían oponerse a todas las disposiciones adicionales concretas destinadas a aumentar aún más el poder y el ámbito de la actuación estatal…” 1

Esta política, en su minuto efectiva para lograr sacar del hoyo económico al país -sobre todo a la hora de saldar la deuda externa-, luego de las sucesivas crisis -reales o provocadas internamente como parte de la política de privatización, como la crisis bancaria- ocurridas durante dictadura, a largo plazo ha significado serias limitaciones a proyectos más grandes que el país podría haber emprendido, limitando los recursos y por ende el gasto público del Estado en políticas sociales (Educación, Salud, Vivienda: las más demandadas) y/o en generar una industria productora de valor agregado en el país, la cual podría haber generado tecnologías de avanzada y convertir a Chile en un país productor de bienes de consumo final y/o servicios, y no en un mero proveedor de materias primas y productos de escaso valor agregado, si el Gobierno del minuto se hubiese puesto la misión de haber implementado una política de excelencia administrativa y probidad, por sobre una de privatización y de retirada del Estado de las actividades económicas.

 

Si hacemos un análisis menos paranoico y desconfiado, se puede inferir que la motivación detrás del cómo llevar la economía (entre otros temas) y de cómo entender las libertades, la Constitución se basa en una matriz ideológica una clara tendencia al individualismo, en el sentido de comprender al individuo como el motor central del desarrollo pleno de la sociedad y sus componentes, no a una macroorganización, como lo es el Estado. El individuo poseería más capacidad de organización al ampliar sus libertades y fronteras de acción (fronteras en este minuto casi invisibles o irreconocibles), generando un individuo que se actúa en proporción al tamaño de su ambición y que ha terminado en un nihilismo flagerante con sí mismo y con su entorno social y natural, depredando, avasallando o ignorando cualquier factor que se interponga entre el individuo y su objeto de ambición, sean estos factores de orden social (equidad), político (exclusión y criminalización), económico (pobreza y degradación de la naturaleza), entre otros temas inherentes a la vida humana.

¿Y dónde quedó el rol Subvencionador del Estado?

Pese a que nuestro análisis derivó en consecuencias apocalípticas, es fácil relacionarlas al rol que adquirió el Estado chileno, derivado del ya mencionado carácter individualista de su Constitución, ya que ha propiciado la iniciativa privada por sobre la colectiva, subvencionándola, no sólo económicamente, sinó que hegemonizando y subvencionando una cultura ad hoc al pensamiento económico heredado de la Dictadura, perpetuado y perfeccionado por los gobiernos “democráticos” (las comillas son arbitrariamente asignadas) que le han precedido.

El rol de subvención puede verse en distintos aspectos de la vida de cualquier persona en Chile: Ésta puede elegir entre una educación estatal horrorosa, una particular-subvencionada mediocre o una privada, un sistema de salud en los mismos modos, sistema previsional, territorial (con la descentralización) y un largo etcétera, donde el Estado ha transferido la responsabildad de asegurar calidad de vida al Mercado, el cual hasta ahora no ha cumplido con este rol de “justicia e individualidad” con grandes sectores de la población del país.

¿Es efectivo y compatible la libertad con el desarrollo sustentable?

Bajo mi óptica personal (y siguiendo con el análisis no-paranoico y no-conspiracionista) la Constitución intentó dar espacios y libertades a las personas para las cuales antes no necesariamente estaban asegurados. El limitar el rol del Estado ha significado que teóricamente hayan aumentado las libertades de expresión y elección, generando una teórica “vida plena democrática” que muchos logran gozar (si cuentan con el amparo del poder adquisitivo) y eso es positivo. Dudo que a los chilenos nos gustase vivir en países extremadamente excluyentes y censuradores, como en Medio Oriente o Asia, donde muchas veces los poderes se amparan en el Estado para restringir o coartar las libertades individuales y colectivas. Ésa es la “gracia” que tiene esta Consitución, de cierta forma ha permitido que se amplíen las fronteras y márgenes de acción al no hegemonizar un Estado que sin un contrapeso importante, puede ser tanto o más avasallador que el mercado que en este pequeño ensayo, critico.

Creo que es perfectamente compatible la libertad individual con el desarrollo sustentable de un país en todos los aspectos, no necesariamente tiene que ser un “cara y sello” donde las únicas opciones son o el Estado dominante o un Mercado dominante, sinó que la realidad debe formarse en base a matices y no a blancos o negros, como ha sido la dinámica en el mundo durante el siglo XX.

¿Cómo construir un Estado que asegure la calidad de vida, respetando al individuo?

Estoy férreamente convencido en que se nos ha hecho creer que un modelo de Estado ideal es una utopía inalcanzable, un sueño romántico con olor a ilustración que no es mas que una mera ilusión de rasgos infantiles respecto al cómo se ve el Estado: Me opongo radicalmente a ello.

Es fácil, desde la postura dominante de los poderes fácticos, señalar que trabajar por una mejor sociedad es una pérdida de tiempo, pero los ejemplos históricos señalan que las luchas de las sociedades han logrado hacer avances en su forma de vida, en la forma de construir sociedad, por ende construir Estado.

Creo que es interesante lograr un punto en el cual se mezclen las bondades del Estado Subsidiario (no todo es negativo, lógicamente), con una mayor participación del mismo en las actividades y desarrollo económico del país, pero teniendo un gran respeto y fomentar el trabajo de los individuos y las organizaciónes con el norte de un mejor standard de la calidad de vida. Y bajo qué premisas podríamos lograrlo?

-          Un Estado amplio, eficiente, transparente y participativo

-          Una nueva Constitución, construída desde la participación de todos los sectores de la Sociedad.

-          Regulación de las empresas críticas de la economía

-          Impulso comprometido y sólido al desarrollo educativo y tecnológico

-          Agenda ambiental compatible con el desarrollo a largo plazo

-          Propiciar el entendimiento y buenas relaciones laborales

-          Participación conjunta del Estado y los privados en las empresas de gran envergadura

-          Sistema de salud de calidad para la población

-          Fortalecimiento de las políticas de vivienda

-          Impulso a la solidificación de la familia y los espacios para que ésta se desarrolle

Creo que teniendo en cuenta los puntos anteriores, y obrando en conjunto por una visión conjunta de país, se puede lograr la utopía nombrada anteriormente, salvo que en vez de utopía, podríamos comenzar a  hablar de un nuevo proyecto país.

 

 

1 Friedman, Milton y Rose: Libertad de Elegir, Ediciones Grijalbo, 1980.

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